Le creemos a nuestro Alcalde cuando dice –verdá pa’ Dios- que no estaba enterado del zarpazo feroz, preparado en los sombríos pasillos de la Superintendencia de Servicios contra Emsirva. La máxima autoridad del Municipio no recibió información sobre un asunto de interés para la ciudad. De modo que, inopinadamente, ¡zas!, le asestaron a la tradicional entidad el golpe artero, siniestra estocada a espaldas del pueblo, sin el consentimiento de los trabajadores. ¡Liquidaron a Emsirva!
Instigados por misteriosos intereses, los acuciosos voceros del Gobierno cerraron el círculo infernal con una ceremonia de exterminio. Tan aparatosa y delirante, que hizo exclamar al Alcalde: “Por decencia, por respeto a la autoridad local, nos hubiera contado (la Superintendencia) de esa notificación”



