Otro escándalo aterrador sacude al Das, un importante organismo adscrito a la Presidencia de la República. Anteriormente un controvertido director dejó el cargo en medio de vergüenzas y crÃticas, pero fue premiado con una apetitosa posición diplomática en Italia. Hoy está preso. Llegó luego una mujer a la dirección y salió igualmente por la puerta de atrás.
¿Qué está pasando con nuestro paÃs? ¿Los delincuentes de cuello blanco, los poderosos contrabandistas de narcóticos y los ostentosos paramilitares se apoderaron de nuestras instituciones? ¿A nuestras espaldas? No puede ser posible que nos ganemos los primeros lugares por malos manejos, tropelÃas y saqueos al tesoro público.
El ruido sepulta otro escándalo del dÃa anterior, y todo sigue igual. Lo cual nos autoriza a pensar que nuestra clase dirigente es inferior al compromiso adquirido con un pueblo que -siempre ingenuo- cree en ella.Â
No tenÃamos por qué saber que el paÃs se caÃa a pedazos.
Confiábamos –ingenuamente- en nuestra clase dirigente. Â
Naturalmente que debe darse una reestructuración en el Das, a fin de lograr que funcione como debe ser. Con personal honrado, idóneo, dedicado a su tarea por el bien de Colombia: que sea una institución de inteligencia capaz de protegernos y alertarnos del peligro. Que no esté –¡ni más faltaba!- al servicio de los señores del dinero. A quienes se les rinde pleitesÃa porque reparten plata a manos llenas. TodavÃa creemos que es posible volver a los tiempos aquellos en que saludábamos con admiración y respeto a un legislador, a un alcalde, a un servidor público.
Es asombroso lo que está ocurriendo. El paÃs se nos cae a pedazos y nosotros sin saberlo. De hecho, siempre pensamos que nuestros lÃderes actuaban derecho, sin acudir a prácticas odiosas: el robo, el asalto. Pero confiemos en que las cosas mejoran.De otro modo, ¡apaga y vámonos!   Â



